CONFIANZA Y EMPATÍA MÉDICO-PACIENTE ES LA CLAVE DEL TRATAMIENTO EN NEUROCIRUGÍA

En medicina la clave del diagnóstico y tratamiento de las enfermedades está en una historia clínica detallada y completa. Esto comienza preguntando al paciente por sus síntomas, enfermedades previas, medicación y tipo de actividades que realiza, se sigue por una exploración física y con frecuencia hay que pedir algunas pruebas para poder completar los estudios. La resonancia magnética es la prueba más empleada en neurocirugía. Una vez realizado el diagnóstico no siempre existe un único tratamiento para el mismo problema y es aquí donde la relación entre el paciente y el neurocirujano es fundamental.

Muchas enfermedades cerebrales o de la médula espinal pueden tratarse de manera conservadora, con vigilancia radiológica para ver la evolución, con un tratamiento quirúrgico, con un tratamiento endovascular, con un tratamiento sintomático por la unidad del dolor, o con un tratamiento oncológico de radioterapia y/o quimioterapia.

La elección de uno u otro dependerá de la fase de la enfermedad en la que se encuentre, edad y factores de riesgo o simplemente de las preferencias del paciente.

Por este motivo el paciente debe recibir una información objetiva y real de su situación: el cirujano tiene que explicar en qué consiste el problema, asegurar que el paciente entiende bien todo lo que se explica y dar una solución específica para ese paciente en concreto. Es por esto que un mismo problema se pueda abordar de dos maneras diferentes en dos pacientes distintos.

A veces el neurocirujano puede proponer dos opciones de tratamiento y ser el paciente el que decida qué hacer, estando bien asesorado e informado de las dos opciones.

En cualquier caso, es imprescindible que el paciente no se sienta obligado a tomar una decisión precipitada en una consulta.

Muy pocas veces existe una situación urgente que no pueda esperar unos días para decidir qué hacer; nuestro consejo es sopesar la decisión a tomar y si quedan dudas resolverlas con el neurocirujano. Si el paciente no está muy seguro con las explicaciones recibidas o la solución no es la que esperaba, es mejor solicitar una segunda opinión y valorar alternativas.

Una persona sentada en un escritorio con una computadora

Descripción generada automáticamente

Es el deber del neurocirujano estar al día de las nuevas tecnologías, investigar y ofrecer a los pacientes los tratamientos que mejor van a resolver sus problemas. Pero también debe ofrecer seguridad y disponer de tiempo para explicar los tratamientos y sus alternativas.

En medicina la clave del diagnóstico y tratamiento de las enfermedades está en una historia clínica detallada y completa. Esto comienza preguntando al paciente por sus síntomas, enfermedades previas, medicación y tipo de actividades que realiza, se sigue por una exploración física y con frecuencia hay que pedir algunas pruebas para poder completar los estudios. La resonancia magnética es la prueba más empleada en neurocirugía. Una vez realizado el diagnóstico no siempre existe un único tratamiento para el mismo problema y es aquí donde la relación entre el paciente y el neurocirujano es fundamental.

Muchas enfermedades cerebrales o de la médula espinal pueden tratarse de manera conservadora, con vigilancia radiológica para ver la evolución, con un tratamiento quirúrgico, con un tratamiento endovascular, con un tratamiento sintomático por la unidad del dolor, o con un tratamiento oncológico de radioterapia y/o quimioterapia.

La elección de uno u otro dependerá de la fase de la enfermedad en la que se encuentre, edad y factores de riesgo o simplemente de las preferencias del paciente.

Por este motivo el paciente debe recibir una información objetiva y real de su situación: el cirujano tiene que explicar en qué consiste el problema, asegurar que el paciente entiende bien todo lo que se explica y dar una solución específica para ese paciente en concreto. Es por esto que un mismo problema se pueda abordar de dos maneras diferentes en dos pacientes distintos.

A veces el neurocirujano puede proponer dos opciones de tratamiento y ser el paciente el que decida qué hacer, estando bien asesorado e informado de las dos opciones.

En cualquier caso, es imprescindible que el paciente no se sienta obligado a tomar una decisión precipitada en una consulta.

Muy pocas veces existe una situación urgente que no pueda esperar unos días para decidir qué hacer; nuestro consejo es sopesar la decisión a tomar y si quedan dudas resolverlas con el neurocirujano. Si el paciente no está muy seguro con las explicaciones recibidas o la solución no es la que esperaba, es mejor solicitar una segunda opinión y valorar alternativas.

Es el deber del neurocirujano estar al día de las nuevas tecnologías, investigar y ofrecer a los pacientes los tratamientos que mejor van a resolver sus problemas. Pero también debe ofrecer seguridad y disponer de tiempo para explicar los tratamientos y sus alternativas.

La empatía y la confianza en el neurocirujano con dos eslabones imprescindibles en nuestra consulta.

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