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AYUNO INTERMITENTE, FUNCIÓN CEREBRAL Y TUMORES CEREBRALES

El cerebro es el órgano más importante y complejo del ser humano, como neurocirujanos no podemos afirmar nada distinto.  Solo constituye el 2% del peso corporal, pero consume más del 20% de la glucosa y del oxígeno empleado por todo el organismo ya que constantemente miles de conexiones están teniendo lugar.

La glucosa es la molécula de la que con más facilidad el cerebro obtiene la energía que necesita, sin energía el cerebro deja de funcionar y es por ello que los mecanismos que regulan el apetito-saciedad y el control de lo que ingerimos depende de mecanismos cerebrales situados en el hipotálamo y el hipocampo.

Pero la glucosa no es la única molécula de la que se puede conseguir la energía, siendo los cuerpos cetónicos otra fuente de energía cuando se consume toda la glucosa disponible.

 

Cómo afecta al funcionamiento del cerebro el origen de la energía?

Podríamos argumentar que lo importante es que el cerebro tenga energía independientemente de dónde proceda. Cuando un paciente sufre una hipoglucemia aguda puede entrar en coma, por esto se ha considerado muy importante tener glucosa suficiente para que esto no ocurra. Sin embargo cuando el cerebro emplea glucosa disponible se van acumulando residuos que a largo plazo resultan perjudiciales.

Cuando el organismo no tiene disponible suficiente glucosa, como en los periodos de ayuno, se activan rutas metabólicas especiales que sacan la energía de los cuerpos cetónicos, y dichas rutas se encargan también de eliminar residuos y de generar factores que mejoran la función de las neuronas, como el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF siglas en ingles). No solo eso, sino que además desaparecen mecanismos inflamatorios y precancerígenos. Si nunca ayunamos estas vías se anulan y desactivan.

Beneficios del ayuno intermitente a nivel cerebral:

Ayuno intermitente consigue que se activen funciones cerebrales que mejoran la actividad cerebral y evitan un envejecimiento temprano del cerebro. Además se ha comprobado que protege frente a la aparición de enfermedades neurodegenerativas e incluso tumores. Incluso se ha visto que mejora la respuesta a algunos tratamientos de quimioterapia en pacientes con tumores. Y es que con el ayuno intermitente se consigue reducir la ansiedad, el estrés oxidativo y mejora la resistencia de las neuronas a la hiperexcitabilidad.

El ejercicio físico consigue beneficios en la función cerebral similares mejorando el rendimiento intelectual. Sin embargo, cuando se combinan el ayuno intermitente con el ejercicio se consiguen efectos mucho mejores, que no se consiguen con ninguno de los dos por separado.

El científico que más conocimientos ha aportado en este campo es el Dr. Mark P. Mattson, profesor de Neurociencias en la Universidad John Hopkins. Dicho autor con frecuencia en sus artículos emplea una frase del filósofo Friedrich Nietzsche “lo que no me mata me hace más fuerte”, indicando que en el organismo existen mecanismos de defensa frente a situaciones extremas, como puede ser el ayuno o el ejercicio aerobio, que estando activados nos hacen más resistentes frente a diversas enfermedades y frente al envejecimiento.

Aunque el ayuno intermitente y el ejercicio físico se han visto que son beneficiosos, llevados al extremo pueden causar problemas, por eso no hay que sacar de contexto, ni del sentido común todos estos hallazgos. Hacer ayuno intermitente llevando una dieta hipercalórica o con alimentos poco saludables sigue siendo perjudicial, así como hacer ejercicio extremo sin previo entrenamiento.

En algunos experimentos con distintos tipos de modelos animales de laboratorio, se ha comprobado que no todos los modelos de ayuno benefician igual a todos las especies animales.

Nuestro consejo: hoy día hay suficiente evidencia para afirmar que el ayuno intermitente es beneficioso para el funcionamiento cerebral, tanto para prevenir posibles alteraciones neurodegenerativas y precancerígenas, como para resistir mejor a situaciones de estrés en casos de tratamientos invasivos como una cirugía cerebral o protocolos de radioterapia y quimioterapia.

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El cerebro es el órgano más importante y complejo del ser humano, como neurocirujanos no podemos afirmar nada distinto.  Solo constituye el 2% del peso corporal, pero consume más del 20% de la glucosa y del oxígeno empleado por todo el organismo ya que constantemente miles de conexiones están teniendo lugar.

La glucosa es la molécula de la que con más facilidad el cerebro obtiene la energía que necesita, sin energía el cerebro deja de funcionar y es por ello que los mecanismos que regulan el apetito-saciedad y el control de lo que ingerimos depende de mecanismos cerebrales situados en el hipotálamo y el hipocampo.

Pero la glucosa no es la única molécula de la que se puede conseguir la energía, siendo los cuerpos cetónicos otra fuente de energía cuando se consume toda la glucosa disponible.

 

Cómo afecta al funcionamiento del cerebro el origen de la energía?

Podríamos argumentar que lo importante es que el cerebro tenga energía independientemente de dónde proceda. Cuando un paciente sufre una hipoglucemia aguda puede entrar en coma, por esto se ha considerado muy importante tener glucosa suficiente para que esto no ocurra. Sin embargo cuando el cerebro emplea glucosa disponible se van acumulando residuos que a largo plazo resultan perjudiciales.

Cuando el organismo no tiene disponible suficiente glucosa, como en los periodos de ayuno, se activan rutas metabólicas especiales que sacan la energía de los cuerpos cetónicos, y dichas rutas se encargan también de eliminar residuos y de generar factores que mejoran la función de las neuronas, como el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF siglas en ingles). No solo eso, sino que además desaparecen mecanismos inflamatorios y precancerígenos. Si nunca ayunamos estas vías se anulan y desactivan.

Beneficios del ayuno intermitente a nivel cerebral:

Ayuno intermitente consigue que se activen funciones cerebrales que mejoran la actividad cerebral y evitan un envejecimiento temprano del cerebro. Además se ha comprobado que protege frente a la aparición de enfermedades neurodegenerativas e incluso tumores. Incluso se ha visto que mejora la respuesta a algunos tratamientos de quimioterapia en pacientes con tumores. Y es que con el ayuno intermitente se consigue reducir la ansiedad, el estrés oxidativo y mejora la resistencia de las neuronas a la hiperexcitabilidad.

El ejercicio físico consigue beneficios en la función cerebral similares mejorando el rendimiento intelectual. Sin embargo, cuando se combinan el ayuno intermitente con el ejercicio se consiguen efectos mucho mejores, que no se consiguen con ninguno de los dos por separado.

El científico que más conocimientos ha aportado en este campo es el Dr. Mark P. Mattson, profesor de Neurociencias en la Universidad John Hopkins. Dicho autor con frecuencia en sus artículos emplea una frase del filósofo Friedrich Nietzsche “lo que no me mata me hace más fuerte”, indicando que en el organismo existen mecanismos de defensa frente a situaciones extremas, como puede ser el ayuno o el ejercicio aerobio, que estando activados nos hacen más resistentes frente a diversas enfermedades y frente al envejecimiento.

Aunque el ayuno intermitente y el ejercicio físico se han visto que son beneficiosos, llevados al extremo pueden causar problemas, por eso no hay que sacar de contexto, ni del sentido común todos estos hallazgos. Hacer ayuno intermitente llevando una dieta hipercalórica o con alimentos poco saludables sigue siendo perjudicial, así como hacer ejercicio extremo sin previo entrenamiento.

En algunos experimentos con distintos tipos de modelos animales de laboratorio, se ha comprobado que no todos los modelos de ayuno benefician igual a todos las especies animales.

Nuestro consejo es que hoy día hay suficiente evidencia para afirmar que el ayuno intermitente es beneficioso para el funcionamiento cerebral, tanto para prevenir posibles alteraciones neurodegenerativas y precancerígenas, como para resistir mejor a situaciones de estrés en casos de tratamientos invasivos como una cirugía cerebral o protocolos de radioterapia y quimioterapia.

El cerebro es el órgano más importante y complejo del ser humano, como neurocirujanos no podemos afirmar nada distinto.  Solo constituye el 2% del peso corporal, pero consume más del 20% de la glucosa y del oxígeno empleado por todo el organismo ya que constantemente miles de conexiones están teniendo lugar.

La glucosa es la molécula de la que con más facilidad el cerebro obtiene la energía que necesita, sin energía el cerebro deja de funcionar y es por ello que los mecanismos que regulan el apetito-saciedad y el control de lo que ingerimos depende de mecanismos cerebrales situados en el hipotálamo y el hipocampo.

Pero la glucosa no es la única molécula de la que se puede conseguir la energía, siendo los cuerpos cetónicos otra fuente de energía cuando se consume toda la glucosa disponible.

 

¿Cómo afecta al funcionamiento del cerebro el origen de la energía?

Podríamos argumentar que lo importante es que el cerebro tenga energía independientemente de dónde proceda. Cuando un paciente sufre una hipoglucemia aguda puede entrar en coma, por esto se ha considerado muy importante tener glucosa suficiente para que esto no ocurra. Sin embargo cuando el cerebro emplea glucosa disponible se van acumulando residuos que a largo plazo resultan perjudiciales.

Cuando el organismo no tiene disponible suficiente glucosa, como en los periodos de ayuno, se activan rutas metabólicas especiales que sacan la energía de los cuerpos cetónicos, y dichas rutas se encargan también de eliminar residuos y de generar factores que mejoran la función de las neuronas, como el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF siglas en ingles). No solo eso, sino que además desaparecen mecanismos inflamatorios y precancerígenos. Si nunca ayunamos estas vías se anulan y desactivan.

Beneficios del ayuno intermitente a nivel cerebral:

Ayuno intermitente consigue que se activen funciones cerebrales que mejoran la actividad cerebral y evitan un envejecimiento temprano del cerebro. Además se ha comprobado que protege frente a la aparición de enfermedades neurodegenerativas e incluso tumores. Incluso se ha visto que mejora la respuesta a algunos tratamientos de quimioterapia en pacientes con tumores. Y es que con el ayuno intermitente se consigue reducir la ansiedad, el estrés oxidativo y mejora la resistencia de las neuronas a la hiperexcitabilidad.

El ejercicio físico consigue beneficios en la función cerebral similares mejorando el rendimiento intelectual. Sin embargo, cuando se combinan el ayuno intermitente con el ejercicio se consiguen efectos mucho mejores, que no se consiguen con ninguno de los dos por separado.

El científico que más conocimientos ha aportado en este campo es el Dr. Mark P. Mattson, profesor de Neurociencias en la Universidad John Hopkins. Dicho autor con frecuencia en sus artículos emplea una frase del filósofo Friedrich Nietzsche “lo que no me mata me hace más fuerte”, indicando que en el organismo existen mecanismos de defensa frente a situaciones extremas, como puede ser el ayuno o el ejercicio aerobio, que estando activados nos hacen más resistentes frente a diversas enfermedades y frente al envejecimiento.

Aunque el ayuno intermitente y el ejercicio físico se han visto que son beneficiosos, llevados al extremo pueden causar problemas, por eso no hay que sacar de contexto, ni del sentido común todos estos hallazgos. Hacer ayuno intermitente llevando una dieta hipercalórica o con alimentos poco saludables sigue siendo perjudicial, así como hacer ejercicio extremo sin previo entrenamiento.

En algunos experimentos con distintos tipos de modelos animales de laboratorio, se ha comprobado que no todos los modelos de ayuno benefician igual a todos las especies animales.

Nuestro consejo:

Hoy día hay suficiente evidencia para afirmar que el ayuno intermitente es beneficioso para el funcionamiento cerebral, tanto para prevenir posibles alteraciones neurodegenerativas y precancerígenas, como para resistir mejor a situaciones de estrés en casos de tratamientos invasivos como una cirugía cerebral o protocolos de radioterapia y quimioterapia.

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