Durante los últimos 3 meses de nuestras vidas hemos sido protagonistas, y seguimos siéndolo, de una situación muy excepcional de aislamiento y confinamiento para evitar el contagio del virus COVID-19. Esto incluye el minimizar la asistencia física a los hospitales y centros sanitarios donde puede existir un mayor riesgo de contagio. Recientemente estamos comprobando una situación más optimista en cuanto a que existe un descenso, continuo y significativo, del número de casos y también del número de defunciones, lo que nos impulsa a dar algún paso hacia un aumento de la actividad asistencial que no esté en relación con el coronavirus. Y es que dar este paso es muy importante, llevarlo a cabo y hacerlo bien, para evitar las consecuencias de no atender el resto de patologías que afectan a los pacientes. Concretamente en neurocirugía estamos preocupados porque puedan aparecer a lo largo de los siguientes meses problemas no diagnosticados a tiempo por la dificultad o el miedo de los ciudadanos para acceder a especialistas y a pruebas de imagen. En las últimas semanas hemos mejorado mucho el conocimiento que tenemos de cómo se transmite el virus y por lo tanto de cómo evitarlo. Además hemos perfeccionado los circuitos pre, intra y postoperatorios, consiguiendo realizar cirugías simples y complejas con los mismos resultados que anteriormente al coronavirus. Es por ello por lo que podemos asegurar en este momento que se pueden realizar los tratamientos adecuados sin mayor riesgo. Probablemente, para una mayoría de los ciudadanos, el peligro mayor ahora mismo, es el retraso en el diagnóstico de los problemas distintos del coronavirus. El único procedimiento en nuestra especialidad que puede ser de mayor riesgo y para el que, si se puede, aconsejamos demorar el tratamiento quirúrgico, es la cirugía que precisa un abordaje trasnasal, dado que en las fosas nasales es donde hay más virus; se ha demostrado que a través de este abordaje aumenta el número de partículas virales en el aire de quirófano y por lo tanto solo se puede realizar con equipos muy sofisticados de protección y cuando es imprescindible hacerlo por esta vía. Nuestro consejo es que ante la aparición de síntomas neurológicos, aunque sean leves, es importante contactar con un especialista para que este decida la indicación de realizar o no una prueba de imagen diagnóstica. A día de hoy, es muy seguro acceder tanto a las zonas de diagnóstico (resonancias magnéticas, escáner, etc), como de tratamiento (quirófanos), y un retraso diagnóstico o terapéutico de una lesión nerviosa puede acarrear déficits irreversibles.

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